¿Pa´ qué me sirvió el colegio?
¿Pa´ qué me sirvió el colegio?
Por Oriana Torres
(escrito a finales de 2008)
El pasado domingo estaba hablando por teléfono con mi mamá acerca
de la final de la Eurocopa 2008 (a ser jugada entre Alemania y España).
En la mitad de la conversación de repente me pregunta sarcásticamente:
“¿Y a quién le vas a dar?”. Yo con voz ridículamente orgullosa
le respondí: “Pues a quién, crees, ¡a Alemania!”. Ante esto ella me
respondió para mi sorpresa igual de orgullosa y decidida: “Pues yo
también, acá en la casa todo el mundo le da a España, pero fueron
casi 20 años entre el tiempo que tu y tu hermana estuvieron en el Colegio
Alemán, y ese Colegio ha hecho tanto por ustedes, que le tengo
que dar a Alemania”. A primera vista, la respuesta de mi mamá me
sonó totalmente desenfocada (o como se dice en inglés “random”),
¿qué diablos tiene que ver el apoyar un equipo de fútbol - cuyos jugadores
ni idea tendrán que hay colegios alemanes en Colombia- con la
gratitud que uno siente para con su propio colegio? Pero no le dije
nada al respecto a mi mamá, porque en el fondo yo sentía lo mismo…
y todo lo que se asocie a mi colegio, por muy “random” que sea a mí
siempre me va a causar un gran sentimiento de orgullo y añoranza.
Hugh McLeod (http://www.gapingvoid.com/Moveable_Type/archives/000009.html) hizo hace cierto tiempo una caricatura que
me encanta, cuyo mensaje dice: “The market for something to believe in is infinite”. Esta frase me encanta ya que me recuerde
el espíritu libre que tenemos los seres humanos para creer en lo que queramos y actuar conforme a ello.
“¿Qué tiene que ver esto con el Colegio Alemán?” – estarán pensando. La respuesta es sencilla; para mi los cimientos de lo
que uno cree y por ende en lo que uno se convierte, los da en gran parte el colegio donde uno estudia, y esa libertad de pensamiento,
creencia y acción definitivamente es para lo que mas me sirvió el colegio.
Cuando pasa el tiempo, y uno de vez en cuando se pone con el novio o con los amigos de la universidad o del trabajo a hablar
de sus épocas del colegio, es impresionante como uno empieza a darse cuenta que muchas cosas que uno vivió en el colegio
eran excepcionales. Todos hablan o de las monjas y los curas y los castigos que les ponían, todos hablan de los uniformes y
las reglas irrompibles, todos hablan de los idiomas que nunca les enseñaron y de malos profesores que nunca disfrutaban el
placer de maltratar… Y que placer da cuando uno se da cuenta que para los alumnos del Colegio Alemán no tener uniforme
era una delicia y que cada uno se vestía a su modo sin temer ser la lanzada o el boleta del curso, para nadie era raro ver un
cabello teñido de rojo o un hombre con arete y cabello largo. Qué alegría da pensar que teníamos una emisora, que aunque
era simplemente un chuzo se manejaba con toda la mística del caso, que teníamos un periódico, que aunque éramos solo 5
personas las que nos inventábamos los artículos, salía cada 6 meses, y traía un motivo más de polémica y diversión al colegio.
Que nota reconocer que fue el colegio quien me enseño a emprender, que si no había plata para las meriendas, para rumbear
o para viajar a Alemania, nadie me impedía sacar un tarro de obleas con arequipe y ponerme a venderlas en el recreo o a la
salida del colegio, como tampoco nadie me impedía vender camisetas “batik” o perfumes de San Andresito, de hecho personas
como la “Profe Cecilia” me compraba fielmente. Que lindos recuerdos hay de aquellos bazares, donde uno añoraba montarse
en los “caballitos de mula”, comerse un paella hecha por el Profesor Lobo, luego comerse un postre en el salón de té de las
damas alemanas (que quedaba en la sala de profesores), eso sin contar las ganas de meterse al polideportivo a bailar al ritmo
de “Bananas” … y que importa si había que ir al día siguiente a limpiar el colegio, bien que mal era un día chévere, que sin
querer queriendo nos inculcó responsabilidad y disciplina. Que admirable saber que uno creció entre animales y supo siempre
respetarlos, o quien no se acuerda de las iguanas que se metían en nuestros cursos, o de las boas que dormían todo el día en
su jaula que quedaba camino al salón de dibujo, o de la cantidad de jaulas de pajaritos que habían por todas partes. Que buenas
las competencias deportivas, donde hasta los más malos concursábamos y salíamos felices con nuestro cartón de participación,
que buenas las premiaciones de final de año donde los mas nerds nos veíamos recompensados por tantas horas de
estudio y colaboración. Que maravilloso a la edad de 15 años haber tenido la oportunidad por 5 meses de vivir el otro país, ver
lo grande que es mundo, lo diferentes que son las culturas y hacernos entender que solo somos un puntito en este planeta.
Que inolvidable poder haber leído un discurso de grado en un idioma diferente al español, que aunque el 80 % del auditorio no
le entendía, sentaba el precedente que esa era una promoción de seres humanos de preparación excepcional.
¿Qué para que me sirvió el colegio? Todas esas maravillosas experiencias me formaron como alguien sanamente competitivo,
con pensamiento global, emprendedor, sostenible y sobre todo, libre de expresar lo que piensa y en lo que cree. He tenido
oportunidades maravillosas en mi vida, antes y después del colegio, la formación de mi familia, mi universidad, AIESEC, pero
jamás pese a lo irremplazables que están han sido, le negaré el crédito a mi querido colegio de haber sentado las bases más
sólidas para ser quién soy.
Y por eso, ¡qué importa si mi mama le quiere dar Alemania durante la final de la Eurocopa 2008, porque el lugar que me hizo
ser lo que soy se merece todo!



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